ser nube en un cielo enojosamente azul

El día termina y toma siesta en mi espalda.

Veintiocho días le bastan al cerebro para actuar de forma automática,

a veces lineal y en ráfaga

y otras como masa amorfa estancada en su intermitencia.

Súbitamente lo poco se torna suficiente

vaso de agua u océano

fondo que aún no ha sido explorado por el hombre.

 

Mis manos hoy dicen que deje de escribir

mi lengua no preparó nada temerario

y mis pies emprenden la búsqueda de un lugar en donde enterrarse.

Existe un abismo de diferencia entre el punto final y el punto y aparte;

pero hoy me gobierna el secreto a voces 

de un cuerpo que se cansa de ser carne

y que a veces sólo quisiera ser nube.

Comentarios

Entradas populares